sábado, 14 de marzo de 2026

NOVENTA Y CINCO

 Por: John Montilla

Padre.

Atado aún a unas muletas, me conformo con los recuerdos.

La fecha del calendario familiar dice que hoy cumplirías 95 años de existencia.

Hace ya casi tres años partiste en el viaje a la eternidad.

Hoy fue la familia a honrar tu memoria

No pude asistir, pero los acompañé en mis pensamientos.

Y también con los recuerdos.

Recuerdo que de niño tenía que pasar junto al cementerio.

Y por supuesto tenía miedo, mucho miedo.

Pero el sentido del deber era más fuerte.

Tenía que llevar tu cena en esas portacomidas de antaño.

A veces ya iba cerrando la noche cuando tenía que hacer ese mandado.

Un tiempo fuiste asignado al antiguo taller municipal que quedaba junto al cementerio.

Ese sitio sabía estar lleno de maquinaria amarilla, volquetas, hierros, llantas, grasa, aceite, herramientas y todo tipo de cacharros donde uno no se animaba a jugar.

El tramo difícil para el recorrido de un niño era desde el puente del Río Mulato hasta el taller.

A mano derecha en la parte alta de la peña queda el cementerio.

El recorrido era quizás de unos trescientos metros o más, pero lleno de curvas.

A mano izquierda quedaba un vacío en el cual muchos accidentes ocurrieron en otros tiempos: culpa de la antigua vía estrecha y sinuosa.

Cuando yo pasaba con la comida recorría ese trecho a paso rápido, sin correr para evitar que se me fuera a caer la comida.

A veces cuando llegaba donde mi padre y no era tan tarde esperaba que él terminara de comer para regresar con las portacomidas.

Pero cuando él miraba que ya estaba un tanto oscuro me mandaba a casa de regreso y me decía que él las llevaría a casa.

En ocasiones me obsequiaba una moneda por llevarle su comida.

El problema era el reto de regreso.

El temor a lo desconocido y a las historias que se escuchaban de ese sitio era muy grande.

En esos tiempos no teníamos energía eléctrica aún en nuestro pueblo.

La oscuridad se adueñaba pronto del entorno.

Me despedía de mi padre y apenas salía al borde de la carretera pegaba una carrera que me duraba hasta llegar de nuevo al puente.

En alguna vieja grabadora casi siempre sonaban los acordes de una nostálgica canción en el bar que queda a la entrada del cementerio.

“La Última Lágrima”, se llama.

Ahora comprendo más el porqué de ese nombre.

En tu aniversario padre.

Otro recuerdo.

***

Gabriela:1-2026

John Montilla (22-II-2026)

Relatos de mis memorias: Para Gabriela historias de tu padre y tu abuelo.

Imagen: AI generated

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