“El universo es la canica con la que alguien
juega.” Nach
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| Foto. Internet. |
Para Diego los fines de
semana eran mágicos, ya que casi siempre, por debajo de la puerta le tiraban
canicas de todos los colores.
El era feliz al levantarse
y encontrar en el piso desperdigadas, todas esas bolitas multicolores en la
entrada de su cuarto.
El se maravillaba con
esos regalos, pero también tenía curiosidad de saber quien las ponía ahí, así
que corría a abrir la puerta y no miraba a nadie. Únicamente veía el corredor
solitario, algunos de sus juguetes olvidados en el piso, y nada más.
Al fondo en la cocina
podía escuchar la voz de su madre y su abuelo que conversaban. También le
llegaba un agradable aroma de café caliente y se podía oír el chisporrotear de algo
que se estaba fritando en una ya vieja, negra y grande paila que su mamá había
heredado de su abuela.
El corría donde ellos y
les preguntaba, que sí sabían, o habían visto quien le arrojaba canicas por
debajo de la puerta, pero el abuelo sentado en un sillón hablando sin parar y
la mamá concentrada en el fogón, casi que no le prestaban atención a sus
preguntas.
La escena de encontrar
canicas los fines de semana, se repitió por mucho tiempo y Diego no había sido
capaz de encontrar a quien las echaba por ahí.
Así que un domingo que
iba a cumplir 10 años, se dijo:
“Hoy me despertaré
temprano y cuando miré que tiren la primera canica abriré la puerta y por fin
descubriré el secreto.”
Entonces, esa mañana de
cumpleaños, Diego se levantó muy temprano, y estuvo atento a ver qué pasaba,
cuando de pronto empezó a rodar lentamente una canica dentro de la habitación,
y luego siguieron rodando otras, como él estaba listo, pegó un salto rápido y
abrió la puerta, y cual no sería su sorpresa al ver a su abuelo agachado
echando las canicas por debajo de la puerta.
El abuelo sorprendido,
únicamente se rió un poco y luego le dijo rápidamente a Diego que un duende se
las había entregado porque tenía afán y le había pedido que las pasara por
debajo de la puerta.
Diego, no le creyó,
pero jugaron todo el día con su abuelo con las canicas que el “duende” le había
regalado en su cumpleaños.
Durante mucho tiempo
los dos fueron felices jugando los fines de semana y ahora que el abuelo ya no
está. Siempre que Diego mira canicas recuerda con nostalgia a su abuelo.
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| Fotomontaje sobre un dibujo pintado por G.M. Imágenes:Pixabay |
John Montilla.
Basado en una idea de Diego F. B.
cuentoycobija.blogspot.com


piola
ResponderEliminaramazing
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