miércoles, 22 de enero de 2020

El gigante con mucha sed


Por. John Montilla

N°.1
Había una vez un país fantástico en donde habitaban seres humanos gigantescos, pero a pesar de que ellos eran muy grandes eran dominados por una pequeña y malvada hechicera. Ella se había apropiado del poder mediante el uso de engaños y hechizos.

Ella se había ganado la confianza de todos durante varios años, pues siempre ella con sus hierbas y sus menjurjes le había encontraba una cura para sus males. Ellos nunca habían ni sospechado, ni imaginado que el corazón de un ser tan pequeño pudiera caber tanta maldad; y por eso en un descuido de todos, durante la celebración de una fiesta había echado en las bebidas una pócima mágica que los dejó bajo el poder de ella, y para el rey había preparado una bebida especial que lo dejó bajo su voluntad y este ante la presencia de todos la declaró a ella como su sucesora antes de morir envenenado.

La hechicera que gobernaba a su antojo, había pedido que le construyeran a su medida un espléndido palacio, no de piedra, sino de madera, con los más finos árboles de los bosques, rodeado de hermosas fuentes de aguas cristalinas y un jardín con incontables flores. Desde allí y usando sus poderes controlaba a todo su reinado suministrando a los gigantes sus pócimas de embrujo.

En ese país había una región llamada Waira en honor a los dioses del agua. En ese lugar una pareja de gigantes campesinos, había tenido un hijo, quien se llamaba Yaco. Como él aún era un niño, le gustaban los juegos y las travesuras, y como aún no era tan grande le gustaba escabullirse en los jardines de la hechicera para ir a tomarse las dulces y frescas aguas de una de sus fuentes, hasta que cierto desafortunado día ella lo descubrió y con furia le echó una maldición encima:

Le dijo que a partir de ese momento en cualquier parte del mundo que él estuviera le daría mucha sed, y que lo obligaría a tomar mucha agua, que nunca se llenaría, ni tampoco saciaría su sed. Y que la única manera de romper el hechizo era tomándose todas las aguas del mundo. Acto seguido lo sacó con un truco mágico de su palacio.

Yaco apareció en una región extraña y desde ese momento empezó a sentir mucha sed, corrió hacia un arroyuelo cercano se tendió en el piso y se puso a tomar agua de manera incansable, cuando al rato se percató de que el arroyo estaba secó. Pero su ansiedad por agua no se le había terminado. Entonces corrió hasta encontrar el río más cercano y con este sucedió lo mismo que el arroyo, sólo quedaron las piedras, y los peces muriendo asfixiados en la arena. 
G.M .2020
 Yaco siguió con su tormento por todas partes, se tomaba ríos enteros y no le quitaba la sed, ni sentía llenura. Empezó a recorrer todo el mundo tomándose ríos, lagunas, riachuelos, lagos, y cuanto charco encontrara en su camino; incluso su desespero lo llevo a tomarse océanos y mares. Con lo cual más se acrecentó su insaciable sed. Toda gota de agua que se le atravesaba en su camino era absorbida con su ansiosa lengua.


Durante siete días recorrió por todas las regiones y no dejaba ni una sola gota de agua por donde pasaba. Entonces los gigantes que habitaban en ese extraño país empezaron a padecer de sed y hambre porque todas las plantas se estaban marchitando, los peces se morían y no estaba quedando nada para comer. Yaco en su incansable recorrido, volvió al único lugar que aún tenía agua: el reino de la hechicera, pero para no aproximarse hasta donde ella, se quedó en una alta montaña, lamiendo el hielo y la nieve de las cumbres, y esto ocasionó que al poco tiempo hasta las fuentes de la hechicera se secaran y entonces ella  también, al igual que el pueblo, comenzó a padecer la falta de agua y ya no tenía con que preparar sus brebajes, con los que mantenía controlados a todos.

De repente. todos los gigantes comenzaron a despertar de su letargo y ante el sufrimiento que estaban padeciendo se rebelaron en contra de la hechicera que era la causante de todas las desgracias de su tierra. Rodearon el palacio con antorchas encendidas en fuego, ella para no que no la quemen viva, les juró que le iba a quitar la maldición al desventurado Yaco, que estaba postrado en la cumbre de la montaña.

Entonces, con sus hierbas y amuletos, encendió un pequeño fuego, al cual le arrojó unos cristales, los cuales en pocos segundos estallaron en un rayo de luz, que asombró a los gigantes, quienes asustados arrojaron las antorchas encendidas, sobre el palacio que se comenzó a incendiar, mientras tanto el rayo de luz llegó hasta donde Yaco que se estremeció con el contacto y al instante de su boca empezaron a emerger torrentes de agua que corrieron montaña abajo convertidos en grandes ríos que inundaron todo a su paso.

Las incontenibles aguas arrasaron lo que quedaba del palacio, llenaron todos los espacios buscando llegar a sus lugares de origen. Cuando la calma volvió al país la vida empezó a florecer de nuevo, mientras Yaco se quedó para siempre en la cima y con el tiempo se fue convirtiendo en una gran montaña, desde la que vigila para que a su pueblo nunca le falte el agua.

G.M.2020
John Montilla. Texto y fotomontaje N°1. Imágenes tomadas de internet.
20-I-2020


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