Por. John Montilla
El señor que vende juguetes inflablesSale todos
los días con su aparente carga liviana
de sueños, afugias,
aire y colores
como si
llevara el arco iris en hombros.
Un vendedor
de nubes teñidas
que sólo siente
su peso
cuando no
cae en su bolsillo un peso.
Gabriela cual
mariposa atraída por la luz
Lo ve
sentado en su casa después de otra jornada
rodeado de
globos multicolores
y se antoja
de tener su chispa de aire.
Dos rostros
se iluminan contentos
Uno por la
venta, otro por la compra.
Elije una
jirafa de un amarillo encendido
La agarra
con entusiasmo y la bambolea en el aire
Como si
quisiera tocar el cielo con el largo cuello.
En el suelo espanta
al gato de su primo,
El felino
escucha el siseo del aire del juguete
y pega un salto por las escaleras.
Lo monta
como si fuera un caballito de madera
Y galopa
bulliciosa por la casa.
Dice que el
cuello de la jirafa debe ser la pista
donde
aterrizan los insectos voladores.
Y que las
pulgas deben creer
que el mundo
no es redondo, ni plano, sino largo.
Lleva su mascota
de plástico a conocer el hielo.
Quizás
Gabriela dentro de unos años
recuerde la
tarde en que pretendió
compartirle
helado a su juguete
pero su
largo cuello sobrepasó la mesa
se quedó sin
probar el dulce frío.
De vuelta en
casa en el calor del hogar
También
espanta al gato de su abuela
Que corre a
esconderse debajo de la hornilla.
A esa
“traviesa jirafa”
le aprieta
las orejas, los cuernos
y su rojo
moño de adorno
se alegra de
ver como retornan a su forma original.
Hija, juega
mientras puedas.
Aprovecha el
aire de tu juguete
Y el tiempo
que te da la vida.
Ambos son
efímeros, y se escapan.
La niñez volará
un día
y el aire
abandonara a tu juguete.
Tiempo, aire
y padre siguen su camino
El vendedor
también se marchará.
***
John Montilla
(15-VIII-2022)
Apuntes para
Gabriela.



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