Por. John Montilla
En un rincón del Putumayo,
vivía una niña que al igual que casi todos los niños quería tener una cometa
para echarla a volar con los frescos vientos de agosto, pero como era muy pobre
sus padres ni siquiera le daban para comprar el papel y mucho menos el pegante;
entonces la niña decidió hacer una cometa con papel periódico y para obtener
pegante fue a la cocina, tomó una pequeña papa, y la puso a calentar un momento
en las brasas de la hornilla, luego cortó una rodaja y la usó como pegante en
barra.
Su papá que era trabajador de
construcción le había ayudado a conseguir los palitos flexibles y livianos de
guadua para hacer el armazón de su cometa. La niña con sus elementos estaba
elaborando su cometa en el anden de su casa, cuando de repente pasó un anciano
encorvado con su morral al hombro y grandes barbas blancas pidiendo algo de
comer, y a pesar de que no contaban con mucho la niña fue a la cocina y le pidió
a su mamá una taza de café y un pedazo de pan para compartir. El anciano recibió
la caridad muy contento y agradecido. Comió en silencio con pausa y deleite, y
cuando terminó, agradeció otra vez, devolvió la taza vacía, luego se quedó
contemplando la cometa a medio hacer entre sus rugosas manos. Leyó por un
momento los retazos de noticias que allí había. Luego la levantó en sus brazos,
sopló suavemente sobre ella, la soltó y por un pequeño instante, la cometa
había quedado suspendida en el aire. Mientras la niña lo contemplaba en
silencio, luego le devolvió la cometa, se despidió y siguió su camino.
Cuando la niña terminó su
cometa, le pidió a su mamá que le regalara un tubo de hilo de su cajoncito de costura,
y corrió a un prado cerca de su casa para hacerla volar. El día estaba con un sol
radiante y repleto de nubes que invitaban a salir, el viento estaba calmado,
pero cuando la niña soltó su cometa para ponerse a correr con ella, la envolvió
una suave brisa que poco a poco fue creciendo y de un momento a otro levantó su
cometa por los aires y en pocos segundos se la vio surcar como un pájaro por
los cielos.
La niña estaba feliz volando
su cometa, cuando de pronto vio que comenzó una ligera llovizna, el cielo se
puso un tanto gris, veía caer minúsculas gotas. pero extrañamente no se estaba
mojando, y cuando puso más cuidado notó que no era agua lo que estaba cayendo
sino minúsculas letras. La niña se sorprendió mucho y hasta le dio un poco de
susto cuando se levantó un viento más fuerte, pero no soltó su cometa, y
entonces comenzaron a caer una lluvia de letras cada vez más grandes, pero
todos sus miedos se escaparon cuando cayeron unas letras en frente suyo y
formaron de manera clara la frase “Ama a tu familia”. Entonces la niña se puso
a leer todos los mensajes bonitos que iba encontrando a su paso y esto aparte
de asombrarla, la alegró mucho. Decidió recoger su cometa para seguir leyendo
en el prado y se llevó la más tremenda sorpresa de su vida cuando descubrió que
su cometa se había convertido en una hermosa paloma blanca.
Dicen que el viento le llevo
tres letras a un hombre que estaba agazapado con su fusil en las montañas, y en
una gran hoja verde se formó ante sí la palabra:” PAZ”.
John Montilla. Texto (Construido
de forma conjunta con mi hija Gabriela, y que se envió a una convocatoria de
cuentos llamada: Vuelos al viento.)
Imagen: Pintura y collage de
Gabriela Montilla
22-VIII- 2022
jmontideas.blogspot.com