Por. John Montilla
Dentro de algunos años frente a la pantalla de
un computador al mirar esta imagen, hija, quizás recuerdes la remota tarde en
que tu padre te llevó a conocer no el hielo sino el calor del caribe y las
playas de Santa Marta. El malecón por aquel entonces estaba en remodelación y
por eso había adoquines de cemento, material de construcción y polvo por
doquier. La playa había sido encerrada con hojalatas y sólo se permitía el
acceso por ciertos lugares determinados, en cuya entrada había algunos agentes
de policía pidiendo usar tapabocas como mera rutina de protocolo contra la
pandemia del Covid 19. Ese incomodo elemento no tenía ninguna relación con el
sol y el mar. Era un simple saludo a la bandera. Más crédito le di al vendedor
ambulante que pregonaba “lleve la gafa, lleve la gafa, porque no están dejando
entrar a la playa sin gafas.”
Santa Marta no es ninguna aldea de casas de
barro y cañabrava sino una ciudad costera de modernos y lujosos edificios y
apartamentos construidos a la orilla de un mar, ya no de aguas diáfanas sino un
tanto oscuras, quizás por culpa de los residuos de carbón diseminados en sus
aguas. Pero esto no le quita la belleza a la que algunos llaman la bahía más
linda de América. Todos los años por estas épocas, las playas se llenan de
turistas que arman tremendo alboroto y para ellos se plantan carpas y sillas en
la arena para cobrarles por ello a precio de oro. Después pasan los vendedores
ofreciendo con estribillos y pregones cerveza, pescado frito, ceviche, gafas,
masajes, paseos, trenzas y tanta vaina, uno se extraña de que no le vendan
pailas, tenazas, clavos, tornillos o calderos, pero si venden baldes de juguete
con su palita, su rastrillo y un moldecito de pez y de cangrejo. Te compré uno
y con eso, Gabriela construiste varios castillos de arena; jugaste en la playa
toda la tarde y por supuesto nadaste en las tranquilas olas del Rodadero. Si
algún día, hija te sumerges en los recuerdos aquí dejo esta imagen y estas
palabras que ninguna ola podrá destruir porque no están escritas en la arena
sino esculpidas con el cincel del amor en nuestros corazones.
***
John Montilla. Texto y fotografía (16-I-2022)
Apuntes para Gabriela
jmontideas.blogspot.com.
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