domingo, 15 de octubre de 2023

¿DÓNDE ESTÁ JAVIER?

 Por: John Montilla

En memoria de Javier Anacona, quien hace muchos años por una singular ausencia, hizo que sus amigos nos preguntáramos:

¿Dónde está Javier?

Ni en ese entonces, ni nunca encontramos una respuesta; pero ahora que se ha marchado para siempre, por lo menos nos hacemos la difusa idea del lugar a donde se ha ido. Uno de sus hermanos, nos da una pista sobre ello: “Mi hermano logró encontrar la luz para pasar a una mejor vida prendido de la mano de nuestro Dios.”

Javier fue un viejo vecino y amigo de infancia a quien no pude ver durante varios años; con él se dio la particularidad de que su vida con sus amigos se escribiera en una especie de capítulos de ausencias; pero a pesar de eso nos quedó el recuerdo de lo que compartimos en la escuela y en los ratos de juego y diversión de nuestra época de niñez. En algún momento de su vida dejó de ser asiduo participante en los juegos de canicas, trompos, el futbol callejero, el yermis, la “liber”, o de los cartuchos de papel que metíamos en pedazos de manguera y disparábamos con un fuerte soplo, este tipo de cosas inolvidables son fragmentos de lo que recuerdo de su presencia.

Pero hace varios años en algún momento de su vida, Javier decidió aislarse de nosotros y del mundo. No voy a profundizar sobre esas cosas que hicieron parte de su intimidad y del destino de su vida.  Se alejó de nosotros sus amigos y vecinos. Le corrió las cortinas al sol y prefirió la sombra. Encerró su vida, su escuela, parte de su niñez y adolescencia. Un aciago y remoto día no volvió a salir de su casa durante mucho tiempo. Esa fue una de sus grandes ausencias, y de la cual jamás indagaremos por respuestas; mejor me voy a referir a momentos de su presencia.

Recuerdo una lejana tarde que íbamos caminando por la cuesta que llevaba al antiguo mercado de nuestro pueblo, mientras leíamos en el camino una revista de Condorito. Cuanta gracia le hallamos al chiste simple de que un personaje de la historieta se llamara “Don Vichenzo”, ese día, pronunciamos en varias tonos y formas ese par de palabras y nos toteamos de la risa por un largo rato.  Tiempo después aprendí que era tan sólo un nombre italiano, pero en ese entonces la inocencia nos daba la alegría de las cosas sencillas.

A Javier otro lejano día le confié uno de mis tesoros de la casa: Un libro, se lo presté y nunca me lo devolvió, y como no lo volví a ver en muchos años, el dichoso ejemplar se perdió, era un libró único, pues le había servido a mi madre en la escuela. (Madre si lees esto perdóname; yo ya perdoné a Javier. Yo fui quien tuvo la culpa de que se perdiera ese libro), creo que se llamaba “La Rosa Blanca, o Roja”, ya no estoy seguro, esa joya tenía unas lecturas fabulosas.

Volví a Javier después de mucho tiempo un 31 de diciembre de hace varios años a medianoche, creo que yo estaba terminando la universidad por aquellas épocas, el abrazo sincero de alegría que nos dio por el reencuentro es uno de los recuerdos más memorables que tengo de su vida. Creo que nunca más volvimos a cruzar palabra.

La casualidad quiso que la última conexión que tuvimos con él llegara en forma de una gran pizza: Cuando sus amigos y familiares organizaron una rifa para recolectar fondos para solventar en algo sus gastos médicos y mi anciano padre que había decidido colaborar con la noble causa, resultó ganador.  Ese detalle hizo que en nuestra familia volviéramos a hablar de él. El circulo de su vida cerrándose en una intrincada metáfora del destino: La caja cuadrada, el producto redondo, las porciones triangulares y Javier el hombre que en línea recta la llevó a nosotros, él, una especie de estrella intermitente en el ocaso de su existencia dejándonos sus recuerdos fugaces 

Él había decidido rehacer su vida en otra ciudad, dejar atrás, esos recuerdos, traumas, y cosas tristes del pasado y de alguna manera reencontrar el tiempo perdido, retomar sus estudios, y aprender cosas nuevas.  Salir a la luz como dijo su hermano, para marcharse. Sólo que esta vez, es para siempre. Ya nunca más volveremos a ver Javier, pero está vez ya sabemos dónde está.

Descansa en paz, Javier.

John Montilla (6-III-2023)

Relatos de mis memorias

Fotomontaje: Imagen Facebook, Jesús Anacona.

Historias en:  jmontideas.blogspot.com

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