domingo, 15 de octubre de 2023

EL JOVEN “EDGAR”

Por: John Montilla 

“Uno necesita un pueblo, aunque no sea más que por la satisfacción de poder marcharse de él.”  Cesare Pavese               


Años después me atrevo a aseverar que, para mí, él fue la persona que inventó el Facebook de la época. Si hubiera existido la tecnología por aquel entonces, de seguro él hubiera dado el paso siguiente.  Les voy a narrar el porqué de mi afirmación. Antes debo señalar que su pueblo Santa Lucia lo conoce; yo sé apenas algunas breves vivencias suyas y voy a tratar de darles forma para construir una semblanza para que el mundo sepa algo de él:

No recuerdo cuando ni cómo llegaron a mis manos sus clásicos álbumes de fotografías personales y desde la primera vez me llamaron la atención dos cosas: La cantidad de fotos que tenía, y lo que me pareció en ese instante muy original: al pie de cada imagen había uno o dos comentarios suyos, los cuales habían sido escritos en papeles recortados y colocados junto a las fotografías.   Nunca antes había visto esa particular manera de acompañar los recuerdos gráficos. Sus amigos acostumbrábamos a pedirle una y otra vez que nos abriera el alma de sus recuerdos y él con gusto nos dejaba ojear esos cuadernillos repletos de imágenes. Años después con el advenimiento de la tecnología, alguien llevó este principio básico de compartir fotos con comentarios incluidos a internet y de allí salió Facebook el resto ya es historia por todos conocida.

Suelo a veces contar esto a mis estudiantes, como reflexión para que no desechen a la ligera algunas ideas que en principio parecen inviables. El caso es que por la afición de nuestro amigo Edgar, en la actualidad es la persona que de seguro más memorias gráficas tiene de su terruño. Dónde, cómo y cuándo consiguió sus cámaras y se hizo amigo de las imágenes no lo sabemos, lo cierto es que a cada rato sorprende a sus paisanos publicando algunas postales en redes sociales que algunos ni siquiera se imaginan que existan.

Edgar, un hombre de un escondido terruño de nuestro Putumayo, en algún momento de su vida, se convirtió en profesor de inglés, tampoco sé la motivación de eso, aunque creo que su curiosidad innata por los libros, el cine y la música debieron ser los peldaños que lo llevaron a ello. Dentro de sus recuerdos con sus propias palabras señala como fue que se fue acercando a los libros: “En una población donde si acaso se había leído historias de vaqueros y las novelas de Corin Tellado, quien devoraba libros y cuanta obra literaria caía en sus manos, era don Juan de Dios García, en su casa leímos, por alquiler, todas las aventuras del Águila Solitaria, Arandú, Memín y Tamakun, los comics del momento.” De algunas conversaciones me quedan los apuntes por la curiosidad por el cine, gracias a un vecino que procuraba presentar en su casa cuanta película pudiera conseguir y aún hoy me pica la curiosidad por conocer la historia completa que cierta vez me refirió de un ciudadano extranjero que vivió entre ellos por un buen tiempo.

 Como sea, Edgar, es de alguna manera el historiador del pueblo, su imágenes unido a su gran memoria, le traen a su gente instantes hasta de las épocas de sus abuelos: Así lo rememora en algunos de sus apuntes que siempre   tiene para Santa Lucia: “Cada que llegaban personajes de la rama eclesiástica o del orden político, manifestaban su asombro ante este pueblito, que ya no era la vereda con sus casitas regadas, sino que había un trazo de calles organizadas, que ellos encontraban después de una larga caminata, monte adentro, desde Puerto Limón, que era hasta donde llegaba la carretera en aquel entonces.”

En otra de sus remembranzas nos cuenta en estilo costumbrista algunos episodios cotidianos del pueblo y sus gentes, cuando se refiere al comercio con Puerto Guzmán, la localidad vecina: “…para vender los productos, hacer la remesa, comprar los insumos, los niños buscábamos entre los puestos de los cacharreros, alguna novedad como helicópteros de cuerda o elementos novedosos que iban apareciendo. Ya de jóvenes buscábamos siempre la camiseta de moda, con estampados del grupo Menudo, Jhon Travolta o también al final, las de Michael Jackson, se buscaba afanosamente los cassettes de Dario Gómez y retornaba uno muy feliz, a trajinar otra semana.”

Incontables las tardes en que íbamos a su casa, y nos prestaba su hamaca y sus libros mientras que con una grabadora de pilas nos compartía su música salsa y baladas en inglés. Edgar, un alma generosa, que de alguna manera se dio sus modos para cierto día arrancarle un pedazo de terreno a sus abuelos y allí construirle un rancho con sus propias manos a una humilde amiga de toda su vida, y a quien años después también le ayudaría a que publicara su primer libro de poemas. Hoy en día esa mujer es una las más reconocidas narradoras de poesía popular del departamento.

No tengo los datos precisos de donde hizo su primaria y donde terminó la secundaria, lo cierto fue que Edgar fue a la universidad y volvió para convertirse en flamante profesor del naciente colegio de la localidad: el Rafael Reyes, Me consta del orgullo de él y su gente por ese honor de poder servirle y de que manera a su pueblo.

Allí como docente puso todo su intelecto, creatividad, humor fino, energía, don de gentes y amor por su tierra, para “educar a la juventud del Putumayo, Cauca y Caquetá”, como se podía leer en una antigua valla que había en la entrada del colegio.  Ese colegió que ya llega a su aniversario número 35 de labores y por cuyas aulas han pasado grandes docentes, pero entre todos ellos, si hay alguien que dejó huella cuando tuvo que partir, es precisamente el profesor Edgar Morillo: “Un hombre que salió de su pueblo, pero Santa Lucia su pueblo, nunca ha salido de él.”

***

John Montilla (15-XI-2022)

Relatos en mi camino.

Fotografías:  Facebook, Santa Lucia Putumayo.

Jmontideas.blogspot.com

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