Por: John Montilla
“Uno necesita un pueblo, aunque no sea más que por la satisfacción de poder marcharse de él.” Cesare Pavese
Años después me atrevo a aseverar que, para mí, él fue la
persona que inventó el Facebook de la época. Si hubiera existido la tecnología
por aquel entonces, de seguro él hubiera dado el paso siguiente. Les voy a narrar el porqué de mi afirmación.
Antes debo señalar que su pueblo Santa Lucia lo conoce; yo sé apenas algunas
breves vivencias suyas y voy a tratar de darles forma para construir una
semblanza para que el mundo sepa algo de él:
No recuerdo cuando ni cómo llegaron a mis manos sus
clásicos álbumes de fotografías personales y desde la primera vez me llamaron
la atención dos cosas: La cantidad de fotos que tenía, y lo que me pareció en
ese instante muy original: al pie de cada imagen había uno o dos comentarios
suyos, los cuales habían sido escritos en papeles recortados y colocados junto
a las fotografías. Nunca antes había visto esa particular manera
de acompañar los recuerdos gráficos. Sus amigos acostumbrábamos a pedirle una y
otra vez que nos abriera el alma de sus recuerdos y él con gusto nos dejaba
ojear esos cuadernillos repletos de imágenes. Años después con el advenimiento
de la tecnología, alguien llevó este principio básico de compartir fotos con
comentarios incluidos a internet y de allí salió Facebook el resto ya es
historia por todos conocida.
Suelo a veces contar esto a mis estudiantes, como reflexión
para que no desechen a la ligera algunas ideas que en principio parecen
inviables. El caso es que por la afición de nuestro amigo Edgar, en la
actualidad es la persona que de seguro más memorias gráficas tiene de su
terruño. Dónde, cómo y cuándo consiguió sus cámaras y se hizo amigo de las
imágenes no lo sabemos, lo cierto es que a cada rato sorprende a sus paisanos
publicando algunas postales en redes sociales que algunos ni siquiera se
imaginan que existan.
Edgar, un hombre de un escondido terruño de nuestro
Putumayo, en algún momento de su vida, se convirtió en profesor de inglés,
tampoco sé la motivación de eso, aunque creo que su curiosidad innata por los
libros, el cine y la música debieron ser los peldaños que lo llevaron a ello.
Dentro de sus recuerdos con sus propias palabras señala como fue que se fue
acercando a los libros: “En una población donde si acaso se había leído historias de
vaqueros y las novelas de Corin Tellado, quien devoraba libros y cuanta obra
literaria caía en sus manos, era don Juan de Dios García, en su casa leímos,
por alquiler, todas las aventuras del Águila Solitaria, Arandú, Memín y
Tamakun, los comics del momento.” De algunas conversaciones me quedan los
apuntes por la curiosidad por el cine, gracias a un vecino que procuraba
presentar en su casa cuanta película pudiera conseguir y aún hoy me pica la
curiosidad por conocer la historia completa que cierta vez me refirió de un
ciudadano extranjero que vivió entre ellos por un buen tiempo.
En otra de sus remembranzas nos cuenta en estilo costumbrista algunos
episodios cotidianos del pueblo y sus gentes, cuando se refiere al comercio con
Puerto Guzmán, la localidad vecina: “…para vender los productos, hacer la remesa, comprar los
insumos, los niños buscábamos entre los puestos de los cacharreros, alguna
novedad como helicópteros de cuerda o elementos novedosos que iban apareciendo.
Ya de jóvenes buscábamos siempre la camiseta de moda, con estampados del grupo
Menudo, Jhon Travolta o también al final, las de Michael Jackson, se buscaba
afanosamente los cassettes de Dario Gómez y retornaba uno muy feliz, a trajinar
otra semana.”
Incontables
las tardes en que íbamos a su casa, y nos prestaba su hamaca y sus libros
mientras que con una grabadora de pilas nos compartía su música salsa y baladas
en inglés. Edgar, un alma generosa, que de alguna manera se dio sus modos para cierto
día arrancarle un pedazo de terreno a sus abuelos y allí construirle un rancho
con sus propias manos a una humilde amiga de toda su vida, y a quien años
después también le ayudaría a que publicara su primer libro de poemas. Hoy en
día esa mujer es una las más reconocidas narradoras de poesía popular del
departamento.
No tengo los datos precisos de donde hizo su primaria y donde terminó la
secundaria, lo cierto fue que Edgar fue a la universidad y volvió para convertirse
en flamante profesor del naciente colegio de la localidad: el Rafael Reyes, Me
consta del orgullo de él y su gente por ese honor de poder servirle y de que
manera a su pueblo.
Allí como docente puso todo su intelecto, creatividad, humor fino, energía,
don de gentes y amor por su tierra, para “educar a la juventud del Putumayo,
Cauca y Caquetá”, como se podía leer en una antigua valla que había en la
entrada del colegio. Ese colegió que ya
llega a su aniversario número 35 de labores y por cuyas aulas han pasado
grandes docentes, pero entre todos ellos, si hay alguien que dejó huella cuando
tuvo que partir, es precisamente el profesor Edgar Morillo: “Un hombre que salió
de su pueblo, pero Santa Lucia su pueblo, nunca ha salido de él.”
***
John Montilla (15-XI-2022)
Relatos en mi camino.
Fotografías: Facebook,
Santa Lucia Putumayo.
Jmontideas.blogspot.com


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