viernes, 14 de junio de 2024

NIÑA VENDEDORA DE PLÁTANOS

 Por. John Montilla

El sol se ocultaba y les cedía su espacio a las primeras sombras.

El silencio iba ganando terreno en el mercado.

Pero en la semi penumbra se podía vislumbrar aún el color.

El colorido de las frutas.

El verde de los limones,

El amarillo de las naranjas y los bananos maduros.

El naranja de las jugosas papayas.

El terroso de las yucas

Y las diversas tonalidades de los plátanos colgados

en sus soportes de madera:

Verde, verde amarillento, el radiante amarillo

y el tono oscuro que iba cubriendo a los más añejos.

En este ambiente vi a una niña de unos ocho años de edad,

Acompañada de otros dos niños un tanto menores que ella.

Le pregunté, qué quien atendía allí.

“Yo vendo me respondió “la chiquilla con su voz infantil firme y segura.

Le pedí un kilo de plátanos maduros.

“Vale tres mil pesos” dijo la niña.

Agarró una bolsa plástica,

Se la colgó del brazo y se subió al entablado para poder alcanzar los plátanos allí colgados.

Estaban un poco altos para ella.

Pero, aun así, con sus manitas forcejeó con dificultad hasta arrancar uno a uno, tres plátanos que metió en la bolsa.

Mientras hacía eso me hablaba que su mama estaba por allí en el mercado haciendo una diligencia y que no demoraba en regresar.

Con prontitud llevó los plátanos a la pesa que estaba en el piso lejos del alcance de mi vista.

Luego dijo con voz firme.

“Un kilo”.

La penumbra ya casi no permitía mirar bien las cosas.

La vivaz chiquilla recalcó:

“Si quiere puede comprobar usted mismo”, dijo, al tiempo que me pasaba la bolsa con los plátanos.

Estuve a punto de reírme, pero me contuve, le respondí simplemente que le creía todo, mientras continuaba atento a sus palabras y gestos.

Le pagué la cantidad exacta para evitar ponerla a buscar dinero para que me dé las vueltas.

Para escucharla otro poco, le pregunté por bananos.

Ella ni corta ni perezosa, corrió a señalarme las frutas, y me hizo la oferta:

“Mi abuela me dijo, que de estos grandecitos diera cinco por dos mil pesos.”

Luego agarró un gajo de bananas más pequeñas y me ofreció:

“Estos también se los dejó a dos mil pesos.”

Como las sombras ya iban ganando mucho más terreno, le prometí volver al día siguiente.

El sol salía para los niños, su madre venía ya en camino.

Me marché gratamente impresionado por las competencias matemáticas y comunicativas de la niña. En el futuro quizás se vuelva una gran comerciante.  Yo veo de manera positiva que un niño aprenda a desenvolverse de esta forma.

Recordé a un amigo que cierta vez me dijo:

“Mi hijo no sería capaz de ir a vender las empanadas que yo vendí cuando era niño.”

***

John Montilla. (4-V-2024)

Relatos en mi camino

Fotomontaje 1: Imágenes tomadas de internet.

Imagen 2: Generada con Leonardo AI

Historias: jmontideas.blogspot.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NOVENTA Y CINCO

  Por: John Montilla Padre. Atado aún a unas muletas, me conformo con los recuerdos. La fecha del calendario familiar dice que hoy cum...