viernes, 14 de junio de 2024

ODA A LOS BALONES EN EL TEJADO

 Por. John Montilla

En los tejados de las casas,

en canales de dormidos edificios,

en techos de taciturnas iglesias,

en polvorientos y húmedos silencios,

en los bordes del olvido,

en las cornisas de tiempos inmemoriables,

reposan callados los balones perdidos.

Balones que alguna vez fueron el alma de un juego,

que fueron esencia de risas, gritos y sueños,

ahora yacen en la soledad de los tejados,

olvidados por el tiempo,

y por un mundo moderno que pasa de prisa.

 

Lejanas las épocas en que los niños llenaban la calle,

correteando con algarabía el redondo juguete.

Ahora que está llena de llantas y pitos,

los niños con miedo corren para cruzarla.

El cemento ha devorado el verde de los campos,

y es casi prohibido jugar en las plazas.

El prado sintético ha reemplazado las canchas.

Ya no chapotea la pelota en un charco,

Ya la lluvia no cae en los arcos.

 

Los últimos balones abandonados en los techos

ya perdieron los cálidos abrazos infantiles

y languidecen abrasados por los rayos del sol.

Nadie los arropa en el frío del invierno.

En los altos rincones

recuerdan con nostalgia

a las doñas malhumoradas vestidas con batas floreadas

que salían a reclamar por los balonazos en las puertas.

Ya no se ve la queja en la vecindad por el vidrio roto

y tampoco a “don tremebundo” salir en calzoncillos

a atrapar el balón que le dañaba la siesta.

Ya no se ven a los niños treparse en los muros

o saltarse la cerca para ir a rescatar el balón que fue a parar al solar del vecino;

Y de paso bajarse unas naranjas.

Ya no hay solares,

Tampoco hay naranjas.

 

Esta casi extinta la imagen de un chico trepado en una escalera tratando de rescatar un balón que cayó en un tejado.

Los que cayeron hace décadas en rincones olvidados,

permanecen en el exilio.

Envejecen con el musgo de los años.

Quizás soñando en que una mano salvadora

los rescate,

Los arroje de nuevo al suelo,

para volver a rodar libres por las calles de antaño.

 

El balón ya no vuela a los cielos,

buscando anidar en un tejado;

atrapado en un cuadrilátero de cuerdas,

como un pájaro triste ha quedado enredado.

 

Gabriela:2024

Coletilla.

 La última vez que rescaté un balón de un tejado,

trepado en una vieja mesa de madera

Y con una vara que armé atando tres pedazos de palo;

obtuve como recompensa esta frase de uno de los chiquillos

que había pedido mi ayuda:

“Gracias, por rescatar nuestro balón,

Usted, ha salvado nuestra infancia.”

*** 

Gabriela. 2024-Mocoa 
John Montilla (11-V-2024)

Divagaciones

Fotografías: J.M  (Fotomontaje con imágenes tomadas de internet.)

Historias: jmontideas.blogspot.com

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