Por. John Montilla
En los tejados de las casas,
en canales de dormidos edificios,
en techos de taciturnas iglesias,
en polvorientos y húmedos silencios,
en los bordes del olvido,
en las cornisas de tiempos inmemoriables,
reposan callados los balones perdidos.
Balones que alguna vez fueron el alma de un juego,
que fueron esencia de risas, gritos y sueños,
ahora yacen en la soledad de los tejados,
olvidados por el tiempo,
y por un mundo moderno que pasa de prisa.
Lejanas las épocas en que los niños llenaban la calle,
correteando con algarabía el redondo juguete.
Ahora que está llena de llantas y pitos,
los niños con miedo corren para cruzarla.
El cemento ha devorado el verde de los campos,
y es casi prohibido jugar en las plazas.
El prado sintético ha reemplazado las canchas.
Ya no chapotea la pelota en un charco,
Ya la lluvia no cae en los arcos.
Los últimos balones abandonados en los techos
ya perdieron los cálidos abrazos infantiles
y languidecen abrasados por los rayos del sol.
Nadie los arropa en el frío del invierno.
En los altos rincones
recuerdan con nostalgia
a las doñas malhumoradas vestidas con batas
floreadas
que salían a reclamar por los balonazos en las
puertas.
Ya no se ve la queja en la vecindad por el vidrio
roto
y tampoco a “don tremebundo” salir en calzoncillos
a atrapar el balón que le dañaba la siesta.
Ya no se ven a los niños treparse en los muros
o saltarse la cerca para ir a rescatar el balón
que fue a parar al solar del vecino;
Y de paso bajarse unas naranjas.
Ya no hay solares,
Tampoco hay naranjas.
Esta casi extinta la imagen de un chico trepado en
una escalera tratando de rescatar un balón que cayó en un tejado.
Los que cayeron hace décadas en rincones
olvidados,
permanecen en el exilio.
Envejecen con el musgo de los años.
Quizás soñando en que una mano salvadora
los rescate,
Los arroje de nuevo al suelo,
para volver a rodar libres por las calles de
antaño.
El balón ya no vuela a los cielos,
buscando anidar en un tejado;
atrapado en un cuadrilátero de cuerdas,
como un pájaro triste ha quedado enredado.
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| Gabriela:2024 |
Coletilla.
trepado en una vieja mesa de madera
Y con una vara que armé atando tres pedazos de
palo;
obtuve como recompensa esta frase de uno de los
chiquillos
que había pedido mi ayuda:
“Gracias, por rescatar nuestro balón,
Usted, ha salvado nuestra infancia.”
***
John Montilla (11-V-2024)
Gabriela. 2024-Mocoa
Divagaciones
Fotografías: J.M (Fotomontaje con imágenes tomadas de internet.)
Historias: jmontideas.blogspot.com


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