martes, 26 de abril de 2022

EL HOMBRE DEL BASTON BLANCO Y ROJO

 Por. John Montilla


Cuando nos asomamos con mi hija Gabriela a la ventana que da al balcón vimos al hombre cuando estaba justo en el centro de la calle.  Era mediodía, el sol estaba en su apogeo, pero él parecía no darse por enterado. Permaneció quieto por un momento, como dudando el camino a seguir. Desde la posición en la que estaba tenía las cuatro opciones que le daban los cuatro puntos cardinales para seguir su camino. En ese instante estaba de espaldas a nosotros; de repente se dio vuelta y pudimos ver que tenía en sus manos un bastón blanco y rojo, señal universal que indicaba que era una persona además de ciega, también sorda.


Le hice notar a mi hija ese detalle y ella se puso a observarlo ahora con mayor atención. Vimos que el señor, de manera pausada, pero con bastante práctica inició su recorrido palpando el entorno con su bastón. Se topó con las llantas de un carro estacionado en la calle y con pericia lo evitó y prosiguió su camino diario de exploración de su oscuro mundo. Metros más adelante, un perro que iba por la calle en dirección a él, desvió su trayecto al ver el objeto en la mano del hombre. Luego su bastón se dio de frente contra una valla plástica de la estación de policía, y él haciendo uso de su herramienta guía lo bordeo y continuó su marcha de las tinieblas acompañado de la luz del mediodía.


El silencio de nuestra contemplación fue roto por Gabriela cuando me pregunto que por qué, el señor era ciego, le respondí que quizás, tuvo una enfermedad, o haya sufrido un accidente o simplemente nació así. Le dije que a veces las personas nacen sin algún órgano o parte de su cuerpo. Le enfaticé que algunos bebés pueden nacer sin una mano, o con un brazo más corto que el otro, o con una oreja más pequeña o grande que la otra, y otras cosas así. Ella estaba bien atenta a mis palabras y entonces aproveché la coyuntura para recordarle que por ejemplo ella había nacido también con su condición del paladar hendido, y ella pareció comprender mucho mejor la situación del señor del bastón. Estoy seguro que tomó bien la enseñanza que el caminante nos dejaba, al mismo tiempo que el espíritu solidario se despertaba en ella.


Terminé la reflexión apuntando que por más dificultades que se tengan siempre hay gente que tiene más problemas que uno y que por tanto hay que ser agradecido con la vida que nos ha tocado y que contra todo obstáculo debemos abrirnos camino para poder avanzar. En la calle teníamos una prueba de ello. El señor del bastón rojo y blanco dobló en la esquina, dejándonos esa lección de vida.

***

John Montilla

Capítulo de “La sonrisa de Gabriela”

28-X-2021

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