Por. John Montilla
Había una vez un borrador que
se escapó de la cartuchera de los colores porque estaba cansado de que su
dueño; un niño desordenado y travieso, lo restregara a cada momento contra sus
cuadernos y en ocasiones, también sin ninguna compasión contra su viejo pupitre
de la escuela. El maltratado borrador presentía que no iba a durar mucho en esas
inquietas manos y por eso decidió darse a la fuga.
Un domingo en la mañana cuando
su dueño estaba aún durmiendo, vio un rayo de luz que entró por un resquicio de
su prisión; su dueño había dejado mal cerrada la cartuchera de los colores, y
por allí se coló. Pego un salto a la mesa, pero con tal mala suerte que cayó
sobre un “charco” de pegante derramado -su descuidado dueño también lo había
dejado mal tapado- y como consecuencia el pobre borrador quedó allí adherido
como una mosca en una trampa pegajosa.
El infeliz gritó y gritó, pero ni los colores, ni el sacapuntas, ni la
regla, ni nadie, acudió en su ayuda.
Entonces le tocó hacer grandes
esfuerzos y arrastrándose poco a poco, salió del pegajoso charco, pero su mala
fortuna no acababa aún porque le toco pasar por donde había un poco de escarcha
de varios colores esparcida sobre la mesa y el pobre salió de allí untado por
todos lados y quedó como si se hubiera puesto un traje de lentejuelas
multicolor.
El brillante borrador se puso
a dar brincos para hacer caer la escarcha, brinco por encima de un libro de
crucigramas y pasó por un montón de letras recortadas de revistas y periódicos ,
y se llevó pegadas entre pecho y espalda las letras A, G, M y la C. pero como
seguía dando volteretas en el camino las fue dejando tiradas. Tanto brincó que en
uno de esos saltos se salió de la mesa y fue a dar al vacío rebotando contra el
piso.
Para colmo de sus desgracias debajo
de la mesa había un gato negro que al verlo caer pegó un gran salto y le
alcanzó a pegar un zarpazo que le arranco un pedazo con sus garras. El borrador
fugitivo asustado y herido se metió en un zapato olvidado que allí estaba, y en
ese refugio se quedó bastante rato escondido hasta que el gato se cansó de
esperar y se fue detrás de un moscardón que entró por una ventana y pasó
volando para la cocina de la casa.
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| Evelin Guenis G. (2022) |
John Montilla. (25-IV-2022)
Cuentos para Gabriela
jmontideas.blogspot.com


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