sábado, 30 de abril de 2022

EL BORRADOR FUGITIVO

 Por. John Montilla

Había una vez un borrador que se escapó de la cartuchera de los colores porque estaba cansado de que su dueño; un niño desordenado y travieso, lo restregara a cada momento contra sus cuadernos y en ocasiones, también sin ninguna compasión contra su viejo pupitre de la escuela. El maltratado borrador presentía que no iba a durar mucho en esas inquietas manos y por eso decidió darse a la fuga.

Un domingo en la mañana cuando su dueño estaba aún durmiendo, vio un rayo de luz que entró por un resquicio de su prisión; su dueño había dejado mal cerrada la cartuchera de los colores, y por allí se coló. Pego un salto a la mesa, pero con tal mala suerte que cayó sobre un “charco” de pegante derramado -su descuidado dueño también lo había dejado mal tapado- y como consecuencia el pobre borrador quedó allí adherido como una mosca en una trampa pegajosa.  El infeliz gritó y gritó, pero ni los colores, ni el sacapuntas, ni la regla, ni nadie, acudió en su ayuda.

Entonces le tocó hacer grandes esfuerzos y arrastrándose poco a poco, salió del pegajoso charco, pero su mala fortuna no acababa aún porque le toco pasar por donde había un poco de escarcha de varios colores esparcida sobre la mesa y el pobre salió de allí untado por todos lados y quedó como si se hubiera puesto un traje de lentejuelas multicolor.

El brillante borrador se puso a dar brincos para hacer caer la escarcha, brinco por encima de un libro de crucigramas y pasó por un montón de letras recortadas de revistas y periódicos , y se llevó pegadas entre pecho y espalda las letras A, G, M y la C. pero como seguía dando volteretas en el camino las fue dejando tiradas. Tanto brincó que en uno de esos saltos se salió de la mesa y fue a dar al vacío rebotando contra el piso.

Para colmo de sus desgracias debajo de la mesa había un gato negro que al verlo caer pegó un gran salto y le alcanzó a pegar un zarpazo que le arranco un pedazo con sus garras. El borrador fugitivo asustado y herido se metió en un zapato olvidado que allí estaba, y en ese refugio se quedó bastante rato escondido hasta que el gato se cansó de esperar y se fue detrás de un moscardón que entró por una ventana y pasó volando para la cocina de la casa.

Luego con mucho sigilo salió de su escondrijo y por debajo de la puerta de la casa salió a la calle. Por fin era libre y como vivía en una calle empinada se echó a rodar cuesta abajo y a medida que se alejaba se iba haciendo más pequeñito porque cada vez que daba una vuelta al rozar contra el piso se desgastaba y se iba reduciendo poco a poco, hasta que quedó convertido en un pequeño puntito que se perdió para siempre en la distancia.

 

Evelin Guenis G. (2022)

John Montilla. (25-IV-2022)

Cuentos para Gabriela

jmontideas.blogspot.com

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