Por. John Montilla
Gabriela y su mamá bajaban los últimos peldaños del puente
peatonal cuando vieron a una madre con su niña, quizás de unos ochos años y a
un bebé en un cochecito. El grupo
familiar estaba sentado en las gradas bajo una sombrilla protegiéndose del
picante sol de la tarde de Bogotá. La
madre le ofrecía bolsas de basura a los transeúntes, pero no vieron a nadie que
les comprara ni tan siquiera un paquete.
Gabriela se conmovió con el cuadro y le pidió a su mamá que
le regalara un helado a la niña, así lo hicieron y compraron dos helados, uno
de limón para la madre y uno de fresa para la niña.
Acto seguido Gabriela le obsequio a la niña el globo
amarillo que llevaba en sus manos, y que el viento amenazaba con arrebatarle;
se lo había dado su doctora esa mañana como premio o paliativo por haber sido
valiente otra vez y haber superado una vez más las adversidades de su proceso
médico. Tanto la niña como su mamá se
sorprendieron y alegraron con estos inesperados detalles y por supuesto se
mostraron agradecidas y llenaron de bendiciones a sus benefactoras.
Finalmente les dejaron regalando unas galletas y unas monedas y se fueron caminando hasta el terminal de transporte que estaba cerca. El sol de la tarde capitalina fue testigo de ese pequeño acto de amor por el prójimo. Ojalá ese espíritu solidario te acompañe siempre Gabriela.
John Montilla (7-X-2024)
Apuntes para Gabriela
Fotomontaje: Leonardo AI generated e imágenes tomadas de
internet
Historias: jmontideas.blogspot.com


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