Por: John Montilla
El primero de enero del año
2025 te pusiste tu camiseta nueva color vino tinto.
La cual tenía un estampado
del personaje “Harry Potter” con su varita mágica en las manos.
Su magia resultó efectiva
porque la camiseta desapareció.
Ese día toda la familia fue
al rio a refrescarse en sus aguas.
La noche anterior habíamos
estado reunidos para recibir el año nuevo.
Cenamos, e hicimos algunos
juegos para divertirnos.
Cuando se iban a rifar
algunos detalles tú te me acercaste y a manera de lamento me dijiste:
“Yo nunca me he ganado una
rifa”.
La dinámica consistía en
agarrar de un sombrero una ficha con la palabra “SI”, escrita en ella.
En mi primer turno tuve la
suerte y agarré la ficha ganadora.
Te abracé y al instante te
dije: “el premio es para ti”
Te alegraste mucho y me
diste otro abrazo.
Al rato, llegaste contenta
hacía mí, mientras me decías:
“Me gané otra rifa, tenía
que adivinar una letra y acerté:”
La respuesta era la “H”; la
letra muda o silenciosa como le dicen algunos.
Así estabas cuando te diste
cuenta que ya no tenías tu camiseta vino tinto.
“Mi mamá me va a regañar.”
Murmuraste.
Yo respondí: “Tranquila, aún
no la des por perdida.”
Íbamos de regreso en
motocicleta al río.
Cuando se la sacó la había
dejado entre las piedras, distante de las cosas de los demás.
Tuvimos que caminar de
vuelta el sendero.
A pesar de que ya iba
cayendo la tarde, aún había bastante gente en el río.
Eso es buena señal, te
dije:” Nadie se atreverá a tomar tu camiseta, porque hay bastantes prendas
tiradas entre la arena y las piedras.”
Mientras caminábamos de
regreso al río, me contaste como fue que un perro pequeño mordió a uno de tus
primos cuando jugaba en la arena.
Yo repliqué que por eso era
que no me gustaban los perros.
La mayoría de personas ya
iban saliendo del río.
Eso mermaba las esperanzas
de rescatar tu prenda extraviada.
Una exalumna salió corriendo
al sendero y me regaló una cerveza y un abrazo de año nuevo.
Por fin íbamos llegando al
pozo donde habíamos estado.
Un gran tronco que
atravesaba el camino por los aires y que estaba sostenido en las alturas entre
gruesas ramas era como una especie de portal de entrada; aunque desde que lo
vi, tuve el temor de que nos fuera a caer encima.
Llegamos a la pequeña playa,
y a primera vista no vimos nada en la arena.
Hemos perdido el tiempo, el
viaje, la caminada y por supuesto la camiseta, me dije.
Pero, luego unos pasos más
allá, casi escondidas entre las piedras, vimos tus cosas: Habías olvidado no
sólo tu camiseta vino tinto, sino los shorts y una gorra rosada.
Les sacudimos la arena, te
pusiste la gorra, y nos fuimos de regreso a casa. Repetiste la lección
aprendida ese primer día del año.
“Cuando salga en grupo debo
dejar las cosas junto con la de los demás.”
Y luego ya con otro
semblante, me preguntaste: ¿Me compras un vasito de mango biche?”
La magia de la alegría
también había regresado a ti.
***
John Montilla (1-enero-2025)
Apuntes para Gabriela.
Texto y fotografía: jmontideas.blogspot.com

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