miércoles, 19 de febrero de 2025

LA HUIDA DEL POLLO GRILLO “MERLANO”

 Por: John Montilla

Vísperas de navidad.
Mi hermana me envió este mensaje:
“Ahí te mandé un pollo para un almuerzo”
Con una postdata:
“Le das un plato de sancocho a tu hermano.”
Como ya era tarde lo dejamos en la terraza.
Hicimos un corral improvisado con la rejas de lo que alguna vez fueron las cunas de los bebés de la casa.
Ya clareando el día soñe que estaba en el campo.
Escuchaba ladridos de perros,
y el cacareo alterado de un gallo.
En la maraña del sueño me acordé del ave.
Entonces mé desperté y me levanté rápido.
Los cacareos sonaban desesperados.
“Algo le pasa al pollo”, escuché decir a mi doña que minutos antes había acabado de llegar de su turno nocturno del trabajo y por eso andaba descalza.
Perdió segundos valiosos mientras encontraba las sandalias.
Cuando ella llegó a la terraza ya era tarde.
El gato había asustado al pollo.
Este a pesar de la altura se había tirado desde la terraza.
No necesitó sabanas para descolgarse.
Se colgó de sus alas.
Mientras nos vestiamos para salir a la calle.
El fugitivo se dio a la huida.
El vecino de enfrente, vio un rayo de plumas grises pasar ante sus narices.
Dijo: “Ese pollo cayó de la terraza y pasó hecho un tiro calle arriba.”
Dobló la esquina próxima y se escabulló.
“Quizás corrió para el terminal a agarrar un bus,
y regresarse para Puerto Asís.” dije yo.
Comenzó a llover.
Dejar de dormir, mojarse, para ir a corretear un pollo arisco en la calle, no era un plan emocionante.
Decidí corretearlo en moto, pero ni rastro del fugitivo.
El sancocho se perdió.
Mi doña le había preguntado a un borracho sentado en un andén.
“Vecino usted vio a un pollo pasar corriendo por aquí.”
El borracho se había quedado lelo y mejor se había metido otro trago.
Mojados y decepcionados regresamos a casa.
“Debimos haberle dado de baja anoche.” Dijimos.
Una amiga, experta en torcer pescuezos , estaba durmiendo cuando le escribimos.
Ella dijo: Me hubieran llamado, yo hubiera venido a ejecutar al “Grillo Merlano.”
Ella también perdió su plato de sancocho.
Dimos el asunto por concluido.
Cuando contamos el suceso en el grupo familiar dio sólo para risas.
Mi hermano que esperaba el almuerzo refunfuñó:
“Lo hubieran amarrado.”
Asunto olvidado.
Pero cuatro días después llega una noticia.
Veo a mi doña llegar entre risas.
¡Adivina qué!, me dice.
Hice un gesto de duda.
Y ella me cuenta:
“Acabo de ver al “Grillo Merlano”.
¿Dónde? , pregunto curioso y reido.
-En la escuela del cabildo indígena.
Al minuto le pasé el dato a mi hermano,
,de casualidad también estaba el amigo que me lo había traido a casa.
Organizamos un bloque de captura y fuimos por él.
Cuando llegamos lo vimos picotear el máiz que mi doña cuando lo vio, le había dejado regando.
Cuando el ave nos vio se alertó.
Dijimos va a estar dificil agarrarlo.
Lo comenzamos a rodear y la cosa estuvo bien facil.
Al primer intento el fugitivo se metió en los baños y quedó encerrado.
Podriamos decir que casi lo agarramos k…ando.
Estaba hambriento y más delgado.
Lo pusimos de nuevo en su jaula.
No creo que llegue al año nuevo.
Aunque la verdad me gustaría indultarlo.
***
Postdata:
Cuando nuesta amiga “tuerce-pescuezos” leyó la crónica preguntó:
“ Y aún sigue vivo el “Grillo Merlano”.
***
John Montilla (29-XII-2024)
Relatos en mi camino.
Fotomontaje con imágenes tomadas de internet.
Historias: jmontideas.blogspot.com

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