jueves, 22 de junio de 2023

NIÑA VENDEDORA DE MORAS

 Por. John Montilla

La niña apareció en la esquina arrimada a las paredes para protegerse de la leve llovizna que caía a esa hora de la mañana. Una princesita de cabellos húmedos vestida con una blusita, una falda y sandalias de color azul. Todo azul excepto un tapabocas de vistoso color rojo. Esta chiquitina quizás de unos ocho o nueve años estaba haciendo el trabajo de una cenicienta: Puesto que llevaba un producto para vender dentro de una canasta artesanal. Este detalle captó más mi atención y pensé que valdría la pena una fotografía de ese objeto que nuestros abuelos usaban antaño para hacer sus compras en el mercado.

Así que bajé las gradas, abrí la puerta y la llamé. Le pregunté que estaba vendiendo y entonces ella tímidamente estiro sus manitos para indicarme lo que tenía en la canasta de mimbre. Hace ratos no veía a alguien llevar este bello artilugio. Era una canasta de tamaño mediano, liviana, elaborada por hábiles manos artesanales, es una pena que hayan sido reemplazadas por el plástico.  Dentro de ella había unos pocos paquetes de moras.

“Estoy vendiendo moras”-Dijo la niña. ¿Me quiere comprar una bolsita? -Preguntó.

Le contesté que sí y le pedí que me dejara tomar una imagen de su canasta, cuyo interior estaba teñido por el color de la fruta. Ella la dejó a mi disposición por un momento en el piso. Noté que sus piececitos también estaban húmedos. Tomé un par de fotos, le pagué y ella prosiguió su camino.

De repente observé que de una casa vecina salió presuroso un perrito y corrió hacía la niña, ella se detuvo y se arrodillo a acariciarlo. La mascota jugueteaba alegremente a su alrededor. Por un breve momento esos dos inocentes seres se hicieron cariñitos. Luego la niña decidió continuar su camino, pero se percató de que la mascota la seguía. Se regresó a espantarlo haciendo gestos con sus manos; el animalito corría de regreso y la niña tornaba a seguir su marcha, pero el perro volvía a perseguirla. Esto se repitió otras veces y al final la niña pareció cansarse, entonces de forma más vehemente, simulando estar furiosa sacó corriendo a la mascota y cuando notó que volvía a entrar a la casa de donde salió, la niña agarró su canasta y echó a correr por la calle antes de que el perro saliera detrás de ella. La niña de azul con su canasta y sus moras se fueron acompañadas con el gris de la llovizna que continuaba.


John Montilla (21-VI-2023)

Relatos en mi camino

Fotografías. J.M

jmontideas.blogspot.com

 

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