viernes, 13 de octubre de 2023

EL JUEGO DE LA RASPA

 Por: John Montilla

“¿Qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que intenta hacer un ferrocarril con espárragos?” Jules Renard.

La raspa (o caída, le llaman algunos) era un juego - o es porque de vez en cuando tiene uno la grata sorpresa de ver a niños disfrutando de él- que consiste en frotar o “raspar” y hacer caer por turnos un cromo o lámina, una carta de naipe, una tarjeta con dibujos animados u otra cosa parecida desde un andén, un asiento, un mueble bajo, banca de cemento o madera con el objetivo de que “la ficha” lanzada caiga encima del elemento que está en el suelo y así poder ganar ya sea únicamente el elemento “tocado” o  todos los que estén en el piso, según se hayan acordado las reglas de juego.

Existe la variante de ganar cuando cae a la distancia menor a un geme o una cuarta, esto se calcula con las manos de cada jugador. En una partida pueden participar cuantos jugadores se quieran. Por supuesto jugando a la raspa se pueden apostar también canicas, dulces o diversidad de baratijas.

No hace mucho alguien rememoraba este juego de antaño y me contaba que lo sabía jugar apostando envolturas o “papeles” de confite que solían recoger en las calles. Con nostalgia me decía: “Como en esos tiempos nuestros padres no tenían cómo y por lo mismo no nos daban ni para los confites nos tocaba ir por las calles sobre todo cerca de las tiendas para recoger los papeles, limpiarlos, a veces lavarlos y “plancharlos” para que se vieran bonitos.”  “Algunos de esas envolturas solían conservar por varios días esos olores sabrosos del dulce.”

Los colores y diseños de antaño eran bien bonitos, mucho mejor que los de ahora, quizás los dueños de las fábricas sabían que los niños de antes disfrutábamos tanto del dulce como de la envoltura. Ahora, así los hagan con los colores más psicodélicos, las nuevas generaciones ya ni siquiera los determinan; bastante trabajo tenemos con pedirles que por lo menos los echen en el cesto de la basura. Una simple envoltura de papel jamás le ganará el duelo a la infinidad de colores que les brinda un dispositivo electrónico. Una realidad amarga que toca digerir, mientras los dulces papeles de confite se arrastran por las calles llevados por los vientos de los nuevos tiempos.

John Montilla:  Texto y fotografías  

Relatos de mis memorias.

Historias en: jmontideas.blogspot.com

(12-VII-2023)

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