lunes, 23 de diciembre de 2024

GABY

 Por: Jesús Ernesto Anacona

En el momento que decidí escribir estas letras, mi esposa estaba socalando para sembrar unas plantas de café, el almanaque Bristol así lo aconsejaba.

La brisa fría de la mañana y el tenue destello de sol se reflejó sobre el perfil de ella y recordé aquellos días cuándo un amigo, un profesor y su acompañante de amor, materializaron el verdadero milagro de navidad.

Leí atento, una sonrisa para Gaby.

Profundamente conmovido, durante estos años sigo leyendo los fragmentos dedicados aquella niña, quien tal vez, algún día, los resuma con la misma franqueza de inspiración de su padre.

El profe, nuestro amigo, con quién compartimos la pasión por la literatura, algún día u alguna noche, decidió convertirse en un Quijote para vencer en batallas líricas y de prosa, monstruos reales, males camaleónicos, estereotipos insensibles...

Recordé aquella vez, cuando escuché las peripecias de su joven esposa en una cuidad lúgubre, fría, lejana y en sus brazos aquella niña, entonces la vi, la imaginé, valiente, resuelta, en la firme determinación de madre, pude observar su escudo, su coraza y la vi nuevamente regresar airosa, triunfante, con los estandartes altivos de las guerreras míticas.

Entonces entendí, deduje las estrellas esparcidas en los relatos del profe, entendí la determinación de su esposa y logré encajar una sobre otra las piezas del rompecabezas:

Una sonrisa para Gaby era más que un título, muchísimo más grande que una intención...

Se trata de una promesa de amor, se trata de una canción que no termina, de un papá y mamá que siempre están y estarán ahí, dónde Gaby los necesite, donde Gaby los imagine, donde Gaby esté.

Entendí el milagro, entendí navidad, entendí diciembre, entendí la lección:

Todos debemos tener una sonrisa para alguien, así como nuestro profesor y su esposa siempre sostienen una sonrisa para Gaby.

Jesús Ernesto Anacona (20-XII-2024)

Fotografías: John Montilla


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