“Y dándole el imperio de los sueños,
le dio el imperio de la poesía”
Pedro Picatto.
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| J.M |
Durante la semana, la profesora de español les había dejado
de tarea a los niños que escribieran sobre un sueño que hayan tenido durante la
noche.
El viernes, había sido seleccionado como el día en que cada
uno leería su sueño. Llegada la fecha de la clase de compartir las lecturas uno
a uno había ido narrando las cosas que habían soñado.
Un niño contó este raro suceso: Dijo que soñó que un
pequeño lagarto multicolor se había metido en su cuarto, entonces él, muy
asustado, había llamado a su papá para que le ayude, su papá no había tenido
más remedio que matarlo y que cuando lo hizo y lo tiró por la ventana, el
lagarto se había vuelto gigante.
Otro niño dijo que soñó que estaba en un pequeño pueblo
extraño y que todos lo perseguían porque querían quitarle los zapatos.
Un chico de mirada vivaracha contó que él había soñado que un avión se caía de punta y que donde cayó se enredó
con un montón de tela y no se hizo nada, entonces dijo, me desperté y me di
cuenta de que me había caído de la cama envuelto en las cobijas. Todos se
rieron de su ocurrencia.
Uno niño que usaba unas gafas grandes narró que el había
soñado que el miró a una rosa roja convertirse en pajarito y salir volando por
el jardín.
Una niña de bellos crespos dijo tiernamente: Yo soñé que había
una vez un conejo que vivía triste porque no tenía nombre.”
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| N°.3 |
Luego otra niña relató que soñó que
había un gato grande y de color azul, en la ventana de una vecina gorda y
gritona, y que cuando ella se asomó a la ventana, al ver el extraño gato se
asustó y grito duro, entonces el gato también chilló, y pegó un gran salto
dejando en el ambiente un rayo de luz azul.
Pero, sentado en la parte de atrás del salón, había
un niño silencioso, frotándose nervioso los
cabellos y casi que a punto de llorar, dijo con voz tímida, cuando le tocó su
turno, que no había hecho la tarea, “que él no había soñado nada.” Y entonces la
profesora lo regaño duramente en frente de toda la clase, pero lo que ella no
sabía es que él ni siquiera tenía donde dormir.
John
Montilla. Texto e imágen N°1. Pixabay 2.y 3.
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